Computación Compartida

Danzar es siempre entre dos

En la serie How I met your Mother, en el episodio 22 de la primera temporada, el protagonista Ted intenta hacer llover para evitar que su amante se vaya de viaje con otro hombre. Para ello, intenta hacer una danza de la lluvia, una práctica común entre los Zuni, una tribu nativa de América del Norte. Siguiendo el transcurso del episodio, realizando la danza de manera individual, logra ejercer una presión en el universo —según lo mencionado por los personajes— influyendo relevantemente en el mundo.

Este ritual, que el protagonista Ted realizó de manera individual e independiente, no fue pensado —al menos por un conjunto de tradiciones— de tal manera. Siguiendo a la práctica realizada por los Zuni, ésta debe ser configurada en un día específico, por hombres y mujeres estando enmascarados. El baile no es sólo baile. Las máscaras están inscritas por patrones de colores, mientras hombres y mujeres miran hacia la derecha, cantando todos juntos una canción. Siguiendo un patrón compartido, la danza solo adquiere sentido cuando se inserta en un entramado de rituales y prácticas; es en ese marco donde —como piensan los Zuni— se pueden producir consecuencias significativas. No hay lluvia sin ritual, no hay lluvia sin danza; pero por sobre todo, no hay lluvia sin un otro. Construir un futuro distinto no es posible desde una fuerza individual —de un modo cuasi-chamánico— sino que, desde una danza, desde una configuración comunitaria.

Zuni

Esto se puede expandir de modo análogo a la contemporaneidad medial. En los sistemas algorítmicos que configuran gran parte de nuestras relaciones hoy en día, hay flujos determinados. Estructuramos y desestructuramos ciclos recursivos según la atención que presentamos a ciertas plataformas; montamos y desmontamos interfaces comprando y eliminando aplicaciones; articulamos y desarticulamos flujos de información en una relación continua con la máquina. Eso es lo que hemos establecido —de manera superflua— como usuario. Ahora bien, como el Zuni que es usuario del mundo, esa condición sólo le permite ciertas acciones, ciertas posibilidades de acción. Para que el Zuni fuera detrás de la interfaz necesitaba una práctica que fuera más allá de su simple condición: un ritual.

Debe haber una clase de conocimiento y práctica que vaya más allá de la interfaz. Una clase de geomancia, un arte que rompa con la condición de usuario y abra otras posibilidades de acción: una que convierta al usuario en programador. ¿Hay alguna forma de acción colectiva que permita a los usuarios transformar radicalmente sus interfaces? ¿Hay algún tipo de política que permita pensar en otra computación? ¿Podemos aprender a bailar? Esto puede quedar poco claro: hay gente que ya cambia y revoluciona interfaces. Los programadores, los hackers, y todos quienes tienen una formación pedagógica que los permite ser micro-chamanes en el ecosistema contemporáneo. Todos aquellos quienes desde su máquina personal pueden afectar, aunque sea mínimamente al ritmo de la danza de quienes configuran los flujos de información actuales. Un aplauso para ellos. No obstante, creemos que eso no es suficiente. Una respuesta no basta desde lo individual, sólo a Ted le bastó. Creemos que se debe montar una respuesta desde lo comunitario, desde el hardware, frente a la computación personal para constituir una respuesta de computación compartida. Creemos que hay una forma de romper con la subjetividad contemporánea en orden de poder danzar y constituir modos de ruptura con las interfaces actuales. Hay que encontrar una forma de poder cambiar el ritmo.